Buena sanidad a pesar de la crisis

20 May

El autor defiende la financiación privada de prestaciones no esenciales ante el contexto de crisis económica.

Enrique Castellón. Presidente de Cross Road Biotech   |  17/05/2012 17:56 de Diario Médico. Tribuna.


Se argumenta que nuestro sistema sanitario tiene la mejor calidad-precio del mundo, pero el Estado debe gastar más. Y también que gastamos lo que nos corresponde por nivel de riqueza, aunque no lo gastamos bien. Opiniones no tan distantes. Lo que la sanidad española ofrece, prácticamente todo a todos, lo hace barato, aun con la nota negativa de que los salarios de los profesionales comparan mal internacionalmente. Pero más allá hay dudas sobre la eficiencia.

Con frecuencia se citan cifras crecientes de actividad, pero aclaran poco. Existen, sin embargo, datos independientes que apuntan a una excesiva variabilidad no justificada en la práctica clínica, algo manifiestamente mejorable. Se enfatizan más las garantías que los resultados, que se miden mal. Se defiende un concepto estrecho de equidad, orientado a igualar el gasto por comunidades, cuando se sabe que la mayor desigualdad es intracomunitaria. Por último, el sistema adolece de una rigidez que no permite apenas elección a una población cada vez más formada e informada. El resultado es un modelo que, ante la crisis, sólo ofrece recortes para escapar al colapso.

Decisiones independientes
Hay otras posibilidades. Es importante mantener los grandes principios, pero no usarlos para impedir reformas. Con una cobertura prácticamente universal, el Estado debe seguir garantizando la equidad. Dicho esto, el Estado no debe financiar servicios redundantes ni ofertar intervenciones de escaso valor clínico. ¿Quién decide esto? Profesionales independientes, sin duda. Con una importante acotación: las inevitables -nada es infinito- restricciones presupuestarias que los representantes de los ciudadanos establezcan. Esta sería la cartera básica común, accesible en condiciones de máxima calidad y efectividad.

¿Qué ocurre con servicios eficaces, pero redundantes, que no añaden valor en términos de salud pero cuestan más? Aquí hay sitio para el sector privado. Y también para el público, que puede generar ingresos y, al tiempo, dejar elegir.

Hay cosas que distan de ser esenciales y que la gente, sin embargo, valora, incluso en un ámbito aparentemente inmune a criterios consumistas como el sanitario. La actividad sanitaria genera al país otros beneficios más allá del tratamiento de la enfermedad, a través de la investigación y la innovación.

Nuevas tecnologías hoy poco coste-efectivas pueden llegar a convertirse en avances científicos radicales en el futuro. Una I+D que, si bien no debe financiarse con los impuestos de todos, debe estimularse admitiendo su implantación en el ámbito público. Que en un sistema sanitario financiado públicamente haya espacio para la financiación privada en aspectos no esenciales no debería ser un problema, siempre que responda a los principios generales aceptados por todos y presentes en nuestras leyes.

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